
La técnica Jahara, es una terapia acuática de integración corporal, que se realiza en piscinas con agua climatizada.
Sus objetivos terapéuticos son múltiples:
En el plano físico, brinda relajación muscular, expansión de la columna vertebral, alineación de la estructura ósea, mejoría de la circulación de la sangre y de la linfa, integración y movilización de todo el cuerpo.
En el plano emocional, es eficiente para superar estados de ansiedad, depresión y miedo – inclusive miedo al agua-, y a través del sostén brindado por el terapeuta y por el agua, el receptor vivencia una situación de confianza y fluidez que resulta muy reconfortante. También percibe contención en el abrazo del agua y el contacto con otro ser humano, lo que permite sanar heridas y traumas de la psique, modificando esquemas mentales y emocionales.
El agua a temperatura corporal, el silencio y las sensaciones producidas por la sensación de no-gravedad abren la puerta a la expansión de la conciencia, llevando a una percepción nueva de la propia identidad. Muchos pacientes describen lo vivido en una sesión de Jahara como una experiencia profundamente espiritual que conecta con otras dimensiones y con la esencia del ser.
Los receptores notan los efectos a corto y a largo plazo, y comentan que los beneficios se hacen sentir de numerosas formas, incluyendo la mejoría de la capacidad de descansar, la tranquilidad interna, la sensación de liviandad y el alivio de todo tipo de molestias y dolores.
Una sola sesión puede constituir un punto de giro para el proceso terapéutico de una persona, y algunos psicólogos trabajan en conjunto con terapeutas de Jahara para poder ofrecer esta posibilidad a sus pacientes en determinado momento de su terapia.
Cómo se realiza?
El terapeuta sostiene el cuerpo del paciente que flota en el agua, cuidando en particular la zona cervical con un apoyo cómodo y seguro realizado con su brazo. Dispone además de un flotador cilíndrico sosteniendo las dos rodillas. El uso del flotador permite aliviar las tensiones en la zona lumbar.
El elemento clave es el agua, mientras el rol del terapeuta es cuidar y promover la expansión y alineación constante del cuerpo del paciente. El trabajo relacionado con expansión y alineación de la columna vertebral produce efectos a nivel físico y a neurológico, y es uno de los ejes de esta técnica. El ritmo del trabajo es lento y constante, permitiendo alcanzar un grado de relajación muy profundo.
Las sensaciones de espacio infinito, amplitud interna y externa, son profundamente relajantes y liberadoras.
El agua infunde a este trabajo sus características: la fluidez, la armonía en los movimientos, la constancia en el ritmo, el sostén que permite libertad en los movimientos dando al mismo tiempo seguridad, la expansión de la columna vertebral y de todas las articulaciones, la intensidad de la experiencia física y la profundidad de la vivencia emocional del paciente.

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